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Los simpapeles en EE.UU. bajan un 13% en los últimos diez años

Los simpapeles en EE.UU. bajan un 13% en los últimos diez años

Pese a que en una ronda de entrevistas reitera que goza de una inteligencia privilegiada, el presidente Donald Trump asegura que muchas de sus “decisiones exitosas” las ha tomado siguiendo “más a sus tripas que a su cerebro”.

En parte parece que su método no es infalible. Aunque desde el primer día que anunció su campaña ha hecho del rechazo “al otro”, en especial a los hispanos, su seña de identidad, los números no avalan su teoría de la invasión.

Un estudio de Pew Research concluye, a partir de los datos del censo y otros indicadores demográficos, que en la década del 2007 al 2016 se ha reducido de forma notable el número de inmigrantes ilegales.

Esta cifra ha caído al nivel más bajo en una década. De los 12,2 millones de indocumentados en el 2007 se pasó a 10,7 millones.

Esto supone un descenso del 13%. En contraste, el número de inmigrantes legales creció un 22% durante ese mismo periodo. En el 2016, EE.UU. era el hogar de un total de 34,4 millones de in­migrantes con papeles, bien co- mo ciudadanos naturalizados, sin ciudadanía o con visados permanentes o temporales.

Pero como remarcan los dos autores del informe, Jeffrey S. Passel y D’Vera Cohn, el resultado no sólo es significativo por estos dígitos, sino también por lo que hay detrás de los porcentajes.

Dos tercios de esos simpapeles llevan más de diez años viviendo en el país, dato que desvirtúa la alerta por el súbito ataque a la soberanía de Estados Unidos.

“Es una población mucho más arraigada y establecida de lo que era en el 2007”, subraya el documento. “Hay menos residente de corto término que de largo”.

Se constata, además, una pronunciada caída en las llegadas ­recientes. “Hubo una media de 386.000 entradas de no autorizados en el periodo 2001-16, que contrasta con los 715.000 entre el 2002 y el 2007”, se indica en este documento. “La disminución se debe casi enteramente al pronunciado retroceso en el número de mexicanos que entran en el país sin autorización”, recalca este trabajo de investigación.

En el 2016 se contabilizaron 1,5 millones menos de mexicanos indocumentados. Los simpapeles de este origen ascienden a 5,4 millones, más o menos la mitad del cómputo total.

Aunque se indica que el refuerzo de la seguridad fronteriza actuó como disuasor –sin muro–, también influyó que la gran recesión eliminó cuantiosos puestos de trabajo mientras la economía de México mejoró ampliamente, lo que dio a los mexicanos razones para quedarse en su país.

Sin embargo, esa frontera sigue siendo la vía de entrada para los simpapeles del triángulo de Centroamérica –El Salvador, Guatemala y Honduras–, única región que se cuenta con más llegadas en el 2016 que en el 2007. De algo más de 370.000 entonces se ha pasado a 1,85 millones en el 2016.

Aquí emergen las caravanas y la amenaza de Donald Trump de forzar el cierre financiero de la Administración si el presupuesto del Congreso no incluye 5.000 millones para la obra de su muro.

Un malgasto. Según Pew, la mayoría de los llegados no cruzan la frontera sin papeles, sino que son viajeros con visado, que se quedan una vez les caduca.

La Vanguardia

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