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Los aliados de Maduro; Editorial de América Economía

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Editorial de América Economía

La alta comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michele Bachelet, publicó hace unos días un nuevo informe sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela. En él, registra al menos 38 presuntas ejecuciones de jóvenes entre mayo de 2019 y mayo de 2020 a manos de funcionarios del régimen de Nicolas Maduro.

Al leer el informe, Bachelet dijo que le preocupa “el patrón de detenciones arbitrarias, violaciones al debido proceso y alegaciones de torturas y desapariciones forzadas”.

También condenó el nombramiento de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) afín al gobierno para que supervise las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre próximo.

Las denuncias de Bachelet contrastan con las recientes acciones de tres nuevos “aliados” de Maduro: Alberto Fernández de Argentina, Andrés Manuel López Obrador de México y Donald Trump de Estados Unidos.

Aduciendo no interferencia en asuntos internos de otros países, Argentina y México se abstuvieron en el reciente voto de la Organización de Estados Americanos (OEA) que censuró al gobierno de Maduro por nombrar ilegalmente a los miembros del Consejo Nacional Electoral.

El hecho no es menor. Los miembros del CNE fueron nombrados por el Tribunal Supremo de Justicia, que está en manos de Maduro, cuando la Constitución establece que los miembros del organismo deben ser nombrados por la Asamblea Nacional, en manos de la oposición y presidida por el presidente interino Juan Guaidó.

La primera gran responsabilidad del CNE será supervigilar la próxima elección precisamente de la Asamblea Nacional, el Poder Legislativo unicameral venezolano. La última elección de la Asamblea Legislativa se llevó a cabo en 2015 y la ganó la oposición. La legitimidad democrática de Juan Guaidó y su gobierno interino se basa en la mayoría opositora en la Asamblea Nacional, de modo que las elecciones de una nueva Asamblea Nacional son claves para el futuro de Venezuela.

Al abstenerse de condenar a Venezuela por su acción inconstitucional y nombrar a miembros del CNE adeptos al régimen de Maduro, Argentina y México toman partido por el caudillo venezolano. Con esa acción, ayudan a debilitar el gobierno democrático y paralelo de Juan Guaidó.

Y el gobierno de Guaidó ya se ha debilitado bastante. Las manifestaciones a que ha convocado en los últimos meses han reunido mucha menos gente que las protestas de 2019. Ha perdido impulso la coalición de casi 60 países que lo apoyan, llamándolo presidente delegado o presidente interino. El régimen, además, se ha tomado la sede de la Asamblea Nacional, de modo que Guaidó y los parlamentarios de mayoría opositora no pueden sesionar allí, lo que les ha quitado la sede simbólica desde la cual Guaidó ejercía su legitimidad.

Pero sobre todo el gobierno de Guaidó se ha debilitado porque no ha podido cumplir su objetivo central: la salida de Maduro. El caudillo venezolano no ha perdido un ápice de poder y, al contrario, se ha visto fortalecido en los últimos meses.

La deserción de Argentina y México en la OEA ayuda a fortalecer a Maduro. Sus gobiernos dicen ser neutrales en la situación venezolana, pero han reducido su participación en el Grupo de Lima, una agrupación de países latinoamericanos que buscan elecciones democráticas en Venezuela.

Y hace pocos días, el presidente mexicano declaró que está dispuesto a venderle petróleo a Venezuela por razones humanitarias, quebrando el embargo que encabeza Estados Unidos.

Pero tal vez el mayor espaldarazo que ha recibido Maduro en las últimas semanas proviene paradojalmente del propio Estados Unidos, el país que ha impuesto las más drásticas sanciones comerciales y financieras a Venezuela.

El que ha socavado a Juan Guaidó y fortalecido a Nicolás Maduro es el propio Donald Trump. En una entrevista el 21 de junio dijo que nunca estuvo muy convencido de su apoyo a Guaidó, a quien consideraba “un crío” (a kid). La Casa Blanca emitió un comunicado al día siguiente reiterando el apoyo estadounidense al gobierno de Guaidó, pero el daño ya estaba hecho.

Un par de días después, Trump declaró que estaba dispuesto a reunirse con Maduro, a lo que Maduro contestó que veía con buenos ojos una posible reunión con Trump.

Muchos analistas quedaron perplejos con las palabras de Trump, que solo pueden interpretarse como un intento de poner fin al impasse venezolano y mostrar algún resultado, aunque no sea aquel por el cual Estados Unidos ha estado bregando. En las palabras de Trump a favor de Maduro puede haber influido su debilidad por los hombres fuertes de regímenes no democráticos.

Sea como fuere, la acción de estos nuevos aliados de Maduro no ayuda a la causa democrática en Venezuela. El caudillo ha nombrado, por vía del Tribunal Supremo, a los miembros del Consejo Nacional Electoral para así controlar las elecciones de la Asamblea Nacional en diciembre, con lo cual pondría fin al único poder democrático del estado que va quedando en Venezuela. Y Argentina, México y Estados Unidos parecen estar ayudándolo a hacerlo.

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