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Lo que hay que preguntar; por Soledad Morillo Belloso

Lo que hay que preguntar; por Soledad Morillo Belloso

Soledad Morillo Belloso

Es poco usual, pero algunos periodistas “independientes” o clasificados como “de oposición” logran entrevistar a jerarcas del régimen. Algunos también consiguen conversar con miembros y paladines de ese espacio sobrevenido y extraño conocido ya como “la mesita’.

Sin embargo, navegando en un pantano de censura, éste es el planteamiento que sería interesante hacer:

Parte 1: A jerarcas y demás próceres del régimen:

Se dice que las sanciones al país tienen un perverso efecto sobre la economía de Venezuela, sobre la operatividad del gobierno y sobre la calidad de vida de los habitantes. Supongamos que es así. Debemos dar por cierto también que los sancionadores han privilegiado este camino por sobre acciones de intervención militar; son más baratas y no tienen tan mala publicidad como ver tropas extranjeras en suelo venezolano, lanzando bombas y derramando sangre.

Luce como ineficaz, por decir lo menos, el argumento de la perversidad moral de las sanciones. También luce como ineficaz el apoyo moral de decenas de países si tal apoyo no viene acompañado por sustantiva ayuda financiera y operativa que permita circunvalar el efecto de las sanciones.

Se dice que los sancionadores quizás estarían dispuestos a negociar, que lo han dicho y repetido en reuniones y mensajes. Se rumorea que estarían dispuestos a suspender, levantar o al menos aliviar las sanciones si, y solo si, a cambio el régimen está dispuesto a acuerdos. No sería una sucesión de acuerdos parciales sino un paquete de puntos. Esto no es un todo o nada. Es negociar con visión de conjunto. Ese paquete podría consistir en: a. eliminar el desacato a la AN y desistir de vetos y persecuciones al poder legislativo y sus miembros; b. nombramiento de un nuevo CNE por la AN, con absoluto y riguroso apego a lo marcado por la Constitución; c. nuevo estatuto electoral que garantice los derechos a electores y elegibles, habilitando a todos los partidos políticos y también como electores a los venezolanos que están en el exterior, sin más limitación que ser mayores de edad y contar con una cédula de identidad vigente o vencida; d. nueva designación de un tercio (algunos hablan de 8) de los magistrados del TSj por la AN; e. designación de nuevo Fiscal General por la AN; f. convocatoria por el nuevo CNE de elecciones parlamentarias (2020 principios del cuarto trimestre) y presidenciales (primer trimestre 2021) con vigilancia y observación cercana de todo el proceso de organismos independientes y cumpliéndose al pie de la letra todas las restricciones y garantías indicadas en la constitución, las leyes y el nuevo estatuto electoral.

Ahora bien, en ese escenario, el chavismo participa y hasta puede ganar. Pero el régimen luce empecinado en aferrarse al poder a costa de la destrucción del aparato social, la migración de millones, la miseria de otros tantos millones y hasta la destrucción del Gran Polo Patriótico. Es decir, por no ceder están dispuestos a que todo se rompa.

¿Cómo se explica eso?

Parte 2: A los voceros abiertos (o solapados) de “la mesita”:

Ustedes emprendieron un, llamémoslo así, tercer camino. Algunos liderazgos y un número indeterminado de ciudadanos, pero ciertamente alto, rechazan esa estrategia o al menos no la apoyan Pongamos de lado las acusaciones de “colaboracionismo”, “traición a la unidad opositora”, etc. Pero digamos sí que su propuesta genera dudas o al menos, pasado ya un tiempo, no ha conseguido despertar confianza. Algunos cuestionan, además de la altura de sus propósitos, la eficacia. Se dice que ustedes fraguaron unos acuerdos con el régimen y que éste les ha fallado. La excarcelación de presos ha sido mínima y de hecho hay nuevos perseguidos políticos. La incorporación de la bancada del Polo Patriótico es como a medias y sin que haya señales de acabar con eso del desacato. En materia económica, la presencia de ustedes en espacios de decisión del gobierno luce como de convidados de piedra.

Ustedes aseveran que el mecanismo noruego fracasó, pero saben bien que las conversaciones continúan, aunque no tengan la formalidad de Oslo y Barbados. De hecho, algunos argumentan que ustedes no estarían opinando lo mismo si hubieran estado sentados en esas mesas como delegados de la oposición. Pero algunos dicen que esta crisis de quiebre de la unidad se produce porque ustedes sienten que fueron abandonados por los sectores mayoritarios y que por eso, y no por otra razón, Henry Falcón perdió la elección contra Maduro. Hay también quienes opinan que ustedes están buscando una tercera vía que, si bien no le daría el triunfo a la oposición en elecciones parlamentarias, presidencial, regionales y municipales, sí les garantizaría a ustedes, que son sectores minoritarios, un espacio político menor pero lo suficientemente pesado como para convertirse en necesarios tanto para la oposición como para el oficialismo a la hora de tomar cualquier decisión crucial o importante. Eso a algunos les suena a prolongar la agonía del país; aducen que con ello no se logra salir ni de los conflictos ni poner al país en modo de curación, aunque pareciera que a ustedes pudiera lucirles como una mejoría suficiente por los momentos, un progreso dentro de lo que se puede, aunque sepan que es una solución a medias. Un peor es nada, pues.

En fin, estamos en varias encrucijadas. No solo en una. El país está mal y, doloroso decirlo, de seguir las cosas como están, va para peor.

La AN ha iniciado el proceso para la designación de un nuevo directorio del CNE. Es complejo y no se puede hacerlo en días como algunos desean, claro, si se quiere hacerlo bien, ajustado a la Constitución, para que no derive en otro fracaso. Una vez designado, ese CNE tiene desafios enormes. Tiene que hacer una revisión de toda su operatividad, tiene que revisar el REP, tiene que producir un nuevo estatuto electoral que responda a las nuevas circunstancias, tiene que poner a punto sus equipos tecnológicos y humanos, tiene que gestionar la observación independiente de organismos y organizaciones nacionales e internacionales, tiene que conseguir la confianza de electores y elegibles, tiene que convocar elecciones limpias, confiables, transparentes y legítimas, realizarlas y garantizarlas. Si lo hace mal, el país se hunde en el foso. Y sí, ese país no quiere conformarse con acuerdos parciales y a medias, a lo Eudomar Santos. El país quiere votar, pero quiere elegir. No es para salir del paso. Es tener instituciones legales y legítimas.

A una parte importante de un país puede no gustarle el presidente en funciones. Eso es desagradable pero no significa el desconocimiento de esa persona como Jefe de Estado. Pero eso no es lo que ocurre en Venezuela. Aquí, en este país, en Venezuela hay no solo descontento, hay algo mucho más grave, hay desconocimiento. Y a ese desconocimiento de la legitimidad se han sumado seis decenas de países, países que son por cierto las naciones con las que Venezuela tiene historia en común y relaciones extremadamente relevantes.

Ustedes plantean que hay que comerse el elefante a pedazos. Eso es cierto, pero también es cierto que primero hay que cortar todo el elefante en pedazos.

Son algunas de las preguntas (no todas) que hay que plantearle a la mesita y sus voceros abiertos o solapados.

soledadmorillobelloso@gmail.com

@solmorillob

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