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La frecuencia cardiaca se dispara cuando se congela el ‘streaming’ al ver series

La frecuencia cardiaca se dispara cuando se congela el ‘streaming’ al ver series

Esta fin de semana se ha estrenado el episodio final de Juego de Tronos. Nada ah impedido que millones de personas en todo el mundo se plantasen enfrente de su televisor, su ‘tablet’ o su teléfono para ver el desenlace de la serie del momento. Algo que no sucedió en el estreno de la última temporada de la serie de HBO, ya que el servicio de ‘streaming’ se colapsó y los usuarios tuvieron que esperar unos minutos antes de ver las aventuras y desventuras de Arya, Daenerys y compañía. Una espera, que, para algunos fans de Juego de Tronos, se hizo eterna.

Cuando la tecnología del ‘streaming’ falla, el usuario sufre. Según el informe Ericsson Mobility Report MWC, las pausas o retrasos durante la reproducción de un vídeo en un teléfono móvil pueden aumentar la frecuencia cardiaca de media un 38%. El estudio medía la actividad cerebral, los movimientos oculares y el pulso de los usuarios mientras realizaban diferentes tareas viendo vídeos en ‘streaming’.

El estudio concluye que los niveles de estrés provocados por las pausas en la reproducción son parecidos a las situaciones de estrés que implica ver una película de miedo. “Estamos acostumbrados a obtener la información al momento y que nuestra interacción, sobre todo en sistemas digitales, sea sin retraso: tenemos muy poca tolerancia a la demora”, apunta Diego Redolar, neurocientífico y profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Esto se acentúa en los jóvenes, ya que aún están más acostumbrados a la inmediatez, y no solo en el ámbito tecnológico. Según Redolar, sus niveles de tolerancia al retraso son menores.

El negocio de las plataformas de ‘streaming’ ha aumentado de forma sorprendente en menos de una década. Sólo en los Estados Unidos ya existen más de 100 servicios diferentes de reproductores en línea. “Entretenimiento y tecnología están a merced de estos nuevos agentes y todo esto ha contribuido a popularizar un modelo de consumo audiovisual inmediato, asequible y a demanda”, explica Elena Neira, profesora de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC. En este sentido, la impaciencia de los usuarios también se ve plasmada en el consumo de series. Según Netflix, en el mundo hay 8,4 millones de personas que devoran una serie el día de su estreno. Esta cifra de espectadores se ha multiplicado por veinte entre el 2013 y el 2016.

Pero la espera no es lo único que frustra a los usuarios de este tipo de servicios. “La multiplicidad de plataformas ofrece más posibilidades, pero también contribuye al hecho de que cada vez sea más difícil para el espectador conocer la existencia de una serie”, destaca Neira. Como decíamos antes, hay una gran oferta de servicios de ‘streaming’. De hecho, según la revista Fortune, si los norteamericanos se suscribieran a todas las plataformas de reproducción en línea disponibles se gastarían 115 dólares al mes. En los Estados Unidos, el 47% de los usuarios están frustrados por el creciente número de subscripciones y servicios para ver lo que quieren”, afirma un estudio de Deloitte.

Pero este no es el único problema que preocupa a las empresas que ofrecen servicios de ‘streamings’. A Netflix, que reina en este mercado con más de 150 millones de subscriptores en todo el mundo,cada vez le aparecen más competidores. Disney+ y Apple TV+, entre otras, pretenden entrar en el terreno de juego y arrebatarle el poder a Netflix. “La batalla por ofrecer un contenido original y exclusivo se agrava y eso favorece a Netflix, que de momento es la plataforma que ha dedicado más tiempo y recursos a ganar cuota de mercado”, afirma Neira.

La Vanguardia

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