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Italia declara la guerra al dinero en efectivo

Italia declara la guerra al dinero en efectivo

En Italia no es posible viajar solamente con tarjeta de crédito. Mientras en otros estados europeos cada vez menos gente utiliza efectivo, en el país transalpino existe todavía una enorme resistencia a dejar de pagar con billetes y monedas, también en supermercados, restaurantes o tiendas. En muchos negocios directamente no es posible utilizar tarjeta, algo prácticamente inviable en los taxis de la capital o en las máquinas que dispensan los billetes de metro en Roma. Según un informe del Banco Central Europeo, en el 2017 el 86% de las compras en Italia se pagaron en efectivo, y estas representaron el 68% del valor total de las operaciones.

Esta situación podría empezar a cambiar pronto. En el borrador de presupuestos realizado por el nuevo ministro de Economía, Roberto Gualtieri, que se presentó este miércoles, el Gobierno italiano ha incluido un ambicioso plan (Italia Cashless) que tiene el objetivo de aumentar los pagos electrónicos con tarjetas de débito y crédito para favorecer la transparencia en las transacciones y hacer frente a la evasión fiscal.

La principal medida dispuesta por el Ejecutivo es rebajar el límite actual de 3.000 euros para pagos en efectivo a los 2.000 en el 2020, y el 2021 para llegar al objetivo de 1.000 en los años siguientes. También prevé multas de 30 euros más el 4% del valor de la transacción a los negocios que sólo acepten efectivo –serán los mismos ciudadanos quienes se encarguen de denunciarlos ante las autoridades– o que a partir del 2020 solamente se puedan desgravar las compras efectuadas a través de tarjetas o transferencias.

Roma incluso creará una lotería para premiar a los que paguen de manera electrónica para la que se han destinado 70 millones de euros. Es algo que ya han adoptado países como Portugal, Malta o Eslovaquia, y que consistirá en que los propietarios de los recibos ganadores, identificados con un número, optarán a un cuantioso premio.

“Las medidas no harán más difícil la vida a los ciudadanos, sino que incentivarán la utilización de la moneda electrónica y los pagos digitales para favorecer la emersión de la economía sumergida”, explicó el primer ministro, Giuseppe Conte.

El plan Italia Cashless se enmarca en el gran combate contra la evasión fiscal que se ha marcado el Gobierno italiano como prioridad en sus nuevos presupuestos, que según los primeros cálculos representará unos 7.000 millones de euros para las arcas del Estado. Pero la guerra al efectivo no gusta a todo el mundo. Miembros del mismo Ejecutivo, sobre todo del Movimiento 5 Estrellas, la observan con desconfianza porque consideran que no está enfocada a la lucha contra los grandes evasores fiscales sino que penalizará a los pequeños comercios.

Giuseppe Di Taranto, economista de la universidad Luiss Guido Carli de Roma, considera que el plan no tendrá ningún tipo de efecto. “No creo que rebajando el techo de operaciones en efectivo de 3.000 a 1.000 euros se vaya a evitar el fraude fiscal. La verdadera lucha sería si se golpease a los grandes evasores. El 42% de los beneficios de las grandes multinacionales no llega a la hacienda italiana”, denuncia el profesor, que defiende que los italianos deberían poder mantener sus tradiciones de pagar las pequeñas sumas en efectivo.

Después de más de cinco horas de reunión, el Gobierno italiano formado por el Movimiento 5 Estrellas y el Partido Demócrata consiguió dar luz verde a un proyecto presupuestario para el año 2020 y que ahora mandarán a la Comisión Europea para que sea evaluado en Bruselas. Se trata de otros presupuestos expansivos con los que el Ejecutivo que dirige Giuseppe Conte calcula que el crecimiento será del 0,6% para el 2020, el déficit del 2,2% del producto interior bruto (PIB) y la deuda del 135,2%.

Después del duro pulso del pasado año entre Bruselas y el anterior gobierno italiano, Roma espera ahora que con el ex primer ministro Paolo Gentiloni al frente de la Comisión de Asuntos Económicos tengan más suerte. El Ejecutivo destacó en un comunicado que han logrado evitar el aumento del IVA del 22% actual al 25,2%, previsto para enero, el principal objetivo de ambos partidos.

Además de rebajar la presión fiscal en las nóminas de los trabajadores, los grillini y socialdemócratas prometen un subsidio único para familias de renta baja con hijos a cargo dotado con 500 millones de euros y mantener el sistema de pensiones aprobado el año pasado, que permite a los italianos jubilarse cuando sus años de edad y de cotización sumen cien.

La Vanguardia

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