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El PSOE debate sobre la entrada de Podemos en el nuevo gobierno

El PSOE debate sobre la entrada de Podemos en el nuevo gobierno

Tras el paréntesis del duelo por el fallecimiento de Alfredo Pérez Rubalcaba, Pedro Sánchez se incorporó ya ayer a la campaña electoral del 26-M, que mantiene aparcada la cuestión medular que determinará su nuevo mandato como presidente del gobierno. El nudo gordiano que Sánchez debe desatar tras la cita con las urnas es si incorpora a Unidas Podemos en su futuro ejecutivo o si deja fuera del Consejo de Ministros a la formación que lidera Pablo Iglesias. La cita que Sánchez e Iglesias celebraron el pasado martes en la Moncloa no despejó la incógnita.

El debate sobre esta alternativa, no obstante, es intenso en el Gobierno actualmente en funciones y en la dirección del propio PSOE. A favor de que Unidas Podemos se quede fuera del gobierno, que es la opción por la que hasta ahora se inclinaría Sánchez, estaría ocupar la centralidad del escenario político, sin un escoramiento a la izquierda. También la ventaja de mantener todo el poder ejecutivo, sin contrapesos internos de otros partidos que se puedan convertir en reinos de taifas. E, igualmente, tener las manos libres para poder negociar y pactar, tanto con la izquierda como con la derecha, durante una larga legislatura de cuatro años.

Pero otros miembros del Gobierno en funciones y de la dirección del PSOE apostarían por abrir las puertas de la Moncloa a dirigentes de Unidas Podemos, según reclama el propio Pablo Iglesias. Aunque por diferente motivo: dirigentes del PSOE sostienen que incorporar a la formación morada en el Consejo de Ministros sería la mejor manera de neutralizarla, además de que dotaría de mayor estabilidad al nuevo mandato. Los 123 diputados socialistas contarían siempre con los 42 de Unidas Podemos, sumando una mayoría estable de 165 escaños.

Sánchez inició ayer su campaña electoral dándose un baño de multitudes durante un breve paseo por el distrito madrileño de Puente de Vallecas. Y la anécdota del recorrido se produjo cuando Sánchez se paró ante un semáforo en rojo. “Presidente, ¿habrá luz verde a un gobierno con Podemos?”, le preguntó un periodista de Telecinco. “¿Has visto? Está en rojo ahora”, ironizó el líder del PSOE, sin querer despejar una incógnita que no resolverá hasta después del 26-M.

Hay no obstante una fecha previa señalada en el calendario: el próximo 21 de mayo, cinco días antes de las elecciones municipales, autonómicas y europeas, se constituirán las nuevas Cortes emanadas del 28-A. Y ese mismo día se deberá elegir y votar la nueva Mesa del Congreso. La portavoz socialista, Adriana Lastra, y la de Unidas Podemos, Irene Montero, ultiman las negociaciones sobre su composición. Este será el primer gran ensayo general para determinar el grado de entendimiento y alianza que ambas formaciones mantendrán durante la nueva legislatura. Además de con Montero, Lastra también contactó con el secretario general del PP, Teodoro García Egea, y con el secretario general de Ciudadanos en el Congreso, Miguel Gutiérrez, además de con el portavoz del PNV, Aitor Esteban. No obstante, tanto Adriana Lastra como la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo, acotaron ayer la representación en la Mesa al PSOE, PP, Ciudadanos y Unidas Podemos. Ni la ultraderecha de Vox ni Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) tendrán asiento en el órgano de gobierno de la Cámara Baja.

El objetivo, aseguró Calvo, es constituir “una Mesa representativa de los grandes partidos, que son los que en este momento tienen más escaños y que representan de manera plural al conjunto de la ciudadanía”. Con tres representantes del PSOE –probablemente incluida la presidencia de la Cámara– y dos de Unidas Podemos, Sánchez se garantizaría una mayoría en la Mesa que haga viable su agenda legislativa. En minoría en la Mesa, y sin capacidad de veto como en la pasada legislatura, se quedarían los dos representantes del PP y los otros dos de Ciudadanos. “La Mesa del Congreso no es una junta de portavoces bis, es un órgano distinto, y ahí tienen que estar los partidos que alcancen un acuerdo entre ellos”, justificó Calvo. Y en el mismo sentido se manifestó Adriana Lastra: “Hay cuatro grandes grupos y entendemos que la Mesa tiene que ser representativa de esa nueva realidad y tiene que comportarse como no lo hizo la mesa anterior, hay que evitar que se impida el debate en el hemiciclo”, aseguró.

El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, confía por su parte en el acuerdo de gobierno con el PSOE. Sabe de los muchos enemigos que la idea tiene tanto dentro de la ciudadela socialista como en el glacis extramuros de Ferraz, así que ayer enfrió las ansias de novedades de los periodistas: no se dará un solo paso hasta que se hayan celebrado las elecciones del 26-M, lo que permitirá discutir la posibilidad de una legislatura de inspiración portuguesa sin la acuciante exigencia del cálculo electoral. Y aun así será un proceso complejo y que deberá enfrentar, cree Iglesias, numerosos escollos. Pero mantiene su optimismo sobre el desenlace del proceso.

Así lo explicó ayer durante el desayuno informativo del Fórum Europa en el que ofició como presentador de la candidata de Unidas Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Isa Serra. La confianza de Iglesias descansa no tanto en una voluntad unívoca del PSOE como en el mandato expresado por los votantes, que han marcado “un camino claro” a Sánchez, dice Iglesias. Y también en el buen tono de la entrevista de la pasada semana en la Moncloa, consecuencia en buena medida de los meses de negociación presupuestaria.

Serán negociaciones lentas, farragosas, enfrentarán múltiples dificultades y sufrirán intentos de sabotaje, repite Iglesias. “Estoy convencido de que vamos a gobernar juntos, pero ese punto de llegada va a implicar trabajar muchas horas, dedicar muchos esfuerzos, habrá momentos mejores y peores en ese dialogo y habrá muchísimas presiones”, recitó Iglesias.

Los morados no están dispuestos a premios de consolación, les preocupan las políticas concretas y estar en el gobierno para garantizarlas, mucho más que visibilizar su acción política. De ahí que declinasen la sugerencia del PSOE de una posible cesión a Unidas Podemos de la presidencia del Congreso.

La receta de Unidas Podemos para salvar esa negociación es la discreción, que el líder de los morados ya exhibió con la escueta e inconcreta comparecencia tras la reunión de más de dos horas que mantuvo con Sánchez en la Moncloa. En Podemos hay más preocupación por las hostilidades al acuerdo procedentes de fuera del PSOE que por las reticencias de dentro.

Pablo Iglesias se conjuraba ayer para encajar con ironía y naturalidad las zancadillas que, vaticina, los poderes económicos y mediáticos pondrán para evitar el resultado feliz de ese diálogo. “Esas son las reglas del juego”.

La Vanguardia

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