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El caso de la CIA: ¿Las noticias que leemos son promovidas por los servicios secretos?; por Vicente Quintero

El caso de la CIA: ¿Las noticias que leemos son promovidas por los servicios secretos?; por Vicente Quintero

Vicente Quintero

La relación entre los medios de comunicación y los servicios secretos de inteligencia ha sido, ya por varias décadas, objeto de estudio en las ciencias sociales. Por primera vez, esta información fue revelada oficialmente en 1973, causando gran controversia — aunque ya existían las investigaciones, los rumores y las acusaciones — . La parcial desclasificación de archivos de las principales agencias de inteligencia, en distintas fases, ha permitido develar sus métodos y formas de incidir en la opinión pública. La relación que el periodista puede tener con el espía no es ajena a profundos dilemás éticos profesionales: no es mala en sí misma, pero conlleva ciertos riesgos importantes.

En particular, este es un tema de gran importancia en nuestros días, debido al papel que jugaron los servicios de inteligencia en la construcción de narrativas hostiles a la administración Trump en Estados Unidos, razón por la cual el presidente Trump, en los últimos meses, ha comenzado un exhaustivo proceso de depuración de los mismos. De resultar ganador en los comicios presidenciales de noviembre de 2020, muy probablemente intensificará la limpieza de las agencias de espionaje.

A fines de la década de los setenta del siglo XX, según Carl Bernstein (1977), con base en fuentes primarias de la CIA, habían sido 400 los periodistas estadounidenses que, en los últimos veinticinco años, habían trabajado en misiones secretas de esta agencia de inteligencia. Claro está, este cálculo excluye a los periodistas de otra nacionalidad y que hayan trabajado para la CIA antes de 1952. Tampoco se descarta que la posibilidad de que la CIA no haya desclasificado todos sus archivos. De manera que, el cálculo es una aproximación que tiene sus limitaciones.

La relación de los servicios de inteligencia con las agencias de noticias es anterior a la CIA, cuyo antecedente es la OSS, que tuvo un papel importante durante la Segunda Guerra Mundial. Los periodistas afines al bloque de los Aliados y los espías de los servicios de inteligencia trabajaron en un mismo frente y compartieron información. Estas relaciones de la CIA y los medios de comunicación han involucrados diversas áreas: el personal acreditado como periodista por parte de las principales agencias de noticias; los freelancers o periodistas independientes; columnistas y comentaristas, no necesariamente periodistas; etcétera. Esta cooperación no siempre era formal, es decir, no necesariamente existía un contrato establecido. No todos recibían pagos por sus favores a la CIA; algunos, aparentemente, trabajaban ad honorem, es decir, de forma voluntaria y sin fines de lucro.

Existe una línea delgada entre el investigador, el científico social, el periodista y el espía. Después de todo, a los cuatro les toca la tarea de trabajar, gestionar e interpretar la información. Los cuatro analizan datos, presentan opiniones y crean narrativas, en función de sus observaciones e intereses. Buscar a la fuente y obtener los datos que necesita de ella. Periodista, término polisémico con distintas acepciones, dependiendo del país, la legislación y la cultura, es una profesión que tiene amplios alcances. El nombre de una persona, así como sus credenciales, sus conocimientos y su formación académica, sirven para legitimar las versiones que serán presentadas en la opinión pública, especialmente en tiempos de alta conflictividad política y militar. La versión presentada tiene que ser lo suficientemente convincente para que se asuma como verdad y los planes no deben ser revelados antes de tiempo.

Los documentos de la CIA, desclasificados en la década de los setenta, muestran que los periodistas de las principales agencias de noticias de los Estados Unidos, se comprometieron a realizar tareas para la CIA. Entre estos periodistas, se encontraban los siguientes: William Paley del Columbia Broadcasting System, Henry Luce de Time, Arthur Hays Sulzberger del New York Times, etcétera. Los colaboradores de la CIA también estaban en la Associated Press, United Press International, Reuters, la revista Newsweek, el Mutual Broadcasting System, el Miami Herald y otras más. Según Allen Dulles, ex-director general de la CIA, la ventaja de contratar a periodistas para tareas de inteligencia residía en los beneficios que se le daba, en la mayoría de todos los países, al corresponsal de un medio extranjero, sobre todo cuando este era prestigioso. Estas credenciales dan una libertad de movimiento y un acceso a las fuentes privilegiadas que, para otros profesionales, no siempre es fácil de conseguir.

Como señala Patrick O’Heffernan (1991, p. 40), sobre todo en tiempos de crisis, los medios de comunicación son la principal fuente de información, incluso para el personal diplomático acreditado en un país. Durante la guerra, suelen ser los periodistas los que transmiten la información en directo. Están en el lugar de los hechos y observan directamente lo que está ocurriendo. Están donde otros no pueden o no quieren estar.

La importancia de los medios de comunicación para la CIA ha sido tal que, como señala Bernstein (1977), la agencia emprendió, en la década de los cincuenta, un programa de capacitación formal en periodismo para sus agentes. De manera que, así la CIA iba a tener a sus propios agentes, formados en el servicio secreto de inteligencia, trabajando en los principales medios de comunicación. El agente de inteligencia, al ser también periodista, puede ejecutar, con mayor facilidad, las operaciones de cobertura informativa.

El periodista Herman Nickel, de la Revista Fortune, declaró en 1979, ante la Cámara de los Representantes de los Estados Unidos, que no es función de los periodistas la obtención de información en beneficio de un gobierno. Este comportamiento es una amenaza al periodismo independiente. En su intervención, subraya que habían sido los presuntos vínculos de la CIA con los corresponsales extranjeros el argumento que justificó sus expulsiones de la Unión Soviética. La credibilidad de los periodistas estadounidenses se veía amenazada por los demostrados vínculos entre los espías y los periodistas. De hecho, hasta comentó que el periodista Michel Goldsmith, de la Associated Press, fue golpeado personalmente en Bagui por el Emperador Bokassa, quien creía que Goldsmith era un espía. No solo la reputación de los periodistas extranjeros, sino también su misma seguridad personal, estaba en mayor riesgo. Los demostrados vínculos de periodistas con servicios de inteligencia hacían que otros, quienes podían ser periodistas honestos sin vinculación directa con gobiernos, corrieran peligro y fueran el blanco de patriotas nacionalistas.

En Estados Unidos, el papel de la CIA en la opinión pública ha tenido varias dimensiones. Como potencia mundial, Estados Unidos juega un importante papel no solo en el continente americano, sino en el resto del mundo. De manera que, las operaciones de la CIA no se han limitado a influenciar la opinión pública estadounidense, sino que se extienden al resto del mundo. En la Cámara de los Representantes de los Estados Unidos, los señores Fromm, Szulc, Aspin y Nickel discutieron sobre las actividades de propaganda de la CIA en el extranjero, con el fin de interferir en los asuntos de otros países. Influir en la opinión pública no significa solamente influir en la opinión del ciudadano promedio, sino también influir en actores claves que toman decisiones; sembrar ideas y matrices de opinión que puedan darle un giro importante a los acontecimientos, en función de ciertos intereses.

El congresista estadounidense Leslie Aspin Jr., quien años más tarde fue Secretario de Defensa durante la administración Clinton de los noventa, señaló que era hipócrita que los estadounidenses asumieran que la prensa libre era uno de los valores que representaban a los Estados Unidos, mientras que se justificaba socavar la prensa independiente en el extranjero. La prensa sigue siendo prensa, más allá del factor geográfico. Los principios éticos que se alegaban a favor de la prensa libre en Estados Unidos también podían alegarse a favor de la prensa de otros países.

Greg Myre (2018), en un artículo publicado en la National Public Radio, señala que, hoy en día, los trabajadores de la CIA comienzan a ser reclutados cuando terminan la High School o preparatoria, para el ejercicio de ciertos cargos y posiciones. La CIA tiene presencia activa en universidades, en las cuales recluta personal, financia investigaciones y promueve sus programas de capacitación académica-profesional. A diferencia de otras épocas, ahora tiene mayor visibilidad pública en instituciones educativas.

Muy apropiado, además de interesante, es subrayar los posibles orígenes del término ‘teoría conspirativa’, de uso despectivo hoy en día. Michael Butter (2020) expone que, algunos le atribuyen a la CIA, con base en interpretaciones realizadas de las fuentes oficiales de la misma institución, el origen del término ‘teoría conspirativa’, usado actualmente para desacreditar las versiones heterodoxas sobre los hechos, argumentando que están poco fundamentadas. En el informe ‘Concerning Criticism of the Warren Report’ se muestra preocupación por el alto porcentaje de personas que dudaban de la versión oficial sobre el asesinato de Kennedy, a la vez que se subraya la importancia de influir en la opinión pública, para recuperar la confianza y la credibilidad en las instituciones estadounidenses.

Y aunque son hoy estigmatizadas las teorías de conspiración, lo cierto es que, como señala el Butter (2020), la humanidad se ha basado, a lo largo de la historia, para comprender al mundo y darle sentido, desde al menos el siglo XVII hasta la década de 1950. Su opinión, claro está. Pero las controversias públicas vistas durante el período presidencial de Donald Trump evidencian que las teorías conspirativas siguen siendo relevantes para la construcción de narrativas de propaganda política. Quizá, el papel del concepto de teoría conspirativa, como constructo cultural, es el de cuestionar lo que el rival dice, porque carece de suficientes pruebas.

Angelo Codevilla (2020), profesor emérito de la Universidad de Boston, ex-oficial de la Marina Estadounidense, ex-funcionario diplomático y ex-miembro del Selecto Comité de Inteligencia del Senado de los Estados Unidos, señala que, en Estados Unidos, los servicios de inteligencia estadounidenses son, el día de hoy, una amenaza para la república. Los funcionarios de inteligencia, pieza clave del Estado Profundo, abusan de sus posiciones y rangos para desacreditar a la oposición al Partido Demócrata, del cual supuestamente forman parte. Con el argumento de la ‘defensa de la seguridad nacional’, los servicios de inteligencia estadounidenses presentan sus opiniones personales y partidistas como datos, amparados por la Ley de Espionaje de 1921.

A juicio de Codevilla, la CIA está en decadencia; defiende intereses partidistas y no los de la nación estadounidense; los estándares de calidad, en materia de gestión de información, no son los mejores; consume demasiado dinero del presupuesto nacional, sin óptimos resultados visibles; y tiene un rango muy elevado en la jerarquía de las instituciones estadounidenses. El ex-diplomático sugiere que las funciones de la CIA deben ser nuevamente competencia de los Departamentos de Estado, Defensa y Tesoro. La CIA es una institución profesionalmente incompetente y políticamente disfuncional que, a través de sus informes sesgados, han puesto en peligro los intereses y la seguridad nacional de Estados Unidos.

La justificación de la supuesta trama rusa vino de los servicios de inteligencia estadounidenses y sus altos funcionarios, quienes fueron los que legitimaron, no solo la minuciosa vigilancia a Donald Trump, sino la investigación que le abrió las puertas al impeachment, que finalmente fracasó. Hoy, se debate en Estados Unidos la posibilidad de enmendar la Ley de Seguridad Nacional de 1947, con el fin de limitar las facultades y los poderes de los servicios de inteligencia. Douglas London (2020) señala que Donald Trump ha visibilizado su falta de confianza en los servicios de inteligencia como la CIA, los cuales percibe, a veces, como sus enemigos.

En honor a la verdad, hay que reconocer que, unos y otros, se sostienen en teorías conspirativas para vender mediáticamente sus narrativas y reforzar los estereotipos y prejuicios en la sociedad, con el fin de proteger sus propios intereses. Las armas de Saddam Hussein terminaron siendo, al final, una teoría conspirativa. Una teoría conspirativa que sirvió de argumento para, al margen del derecho internacional, justificar el ataque a un país. Y teoría conspirativa también terminó siendo, la presunta ‘confabulación entre Rusia y Donald Trump’. Curioso es que, quienes tanto critican las teorías conspirativas de unos, también crean y exponen teorías conspirativas, para convencer y manipular a sus públicos.

La crisis de los servicios de inteligencia estadounidenses no es reciente. Ya en la década de los setenta, con la publicación en 1972 del libro ‘The Politics of Heroin in Southeast Asia: CIA Complicity in the Global Drug Trade’ por parte del entonces joven erudito Alfred McCoy, graduado en la Universidad de Yale, quedó afectada la credibilidad de la CIA y los otros organismos de inteligencia estadounidenses, los cuales tuvieron, al menos parcial e indirectamente, una participación en el narcotráfico del Sudeste Asiático. La controversia que generó McCoy, todavía con vida, no ha terminado. Casi seis décadas después de la publicación de su obra, todavía se habla de ella. Y el hecho es que, se demostró que muchas de las acusaciones de la CIA fueron infundadas. Esto está demostrado. Es decir, es un dato. No se trata de una opinión.

La CIA, a lo largo de la historia, ha sido una de las principales fuentes de teorías conspirativas, difundidas a través de los principales medios de comunicación. Las actividades de esta agencia de inteligencia han afectado la imagen internacional de los Estados Unidos y sus instituciones, razón por la cual se debate limitar, y hasta derogar, algunas de las agencias de inteligencia. Más allá del descrédito, el problema de la CIA es también su probada ineficacia. Aunque los servicios de inteligencia estadounidenses tienen grandes admiradores en el extranjero, estos se ven en apuros cuando se les pide justificar, con buenos y creíbles argumentos, por qué todos los planes para asesinar a Fidel Castro fracasaron. Planes que no son especulaciones, sino que son hechos públicos y notorios; datos que pueden comprobarse, a partir de los documentos desclasificados de los propios servicios de inteligencia estadounidenses.

Material referencial consultado:

*Las fuentes primarias del Senado Estadounidense se incluyen en forma de hipervínculo.

Allen, M. (8 de abril de 2020). Trump’s moves against federal watchdogs signal “deep state” war. Axios. Recuperado de www.axios.com/trump-inspectors-general-deep-state-2020-election-1ed4dd3a-623a-4cc4-b1c8-a469049e7351.html

Bernstein, C. (20 de octubre de 1977). The CIA and the media. Rolling Stone. Recuperado de http://danwismar.com/uploads/Bernstein — CIA and Media.htm/

Butter, M. (16 de marzo de 2020). There’s a conspiracy theory that the CIA invented the term ‘conspiracy theory’ — here’s why. The Conversation. Recuperado de http://theconversation.com/theres-a-conspiracy-theory-that-the-cia-invented-the-term-conspiracy-theory-heres-why-132117

Codevilla, A. (17 de febrero de 2020). It’s time to abolish CIA & FISA. Asia Times. Recuperado de http://asiatimes.com/2020/02/its-time-to-abolish-cia-fisa/

London, D. (10 de febrero de 2020). The CIA in the age of Trump. Just Security. Recuperado de www.justsecurity.org/68539/the-cia-in-the-age-of-trump/

O’Heffernan, P. (1991). Mass media and American foreign policy: insider perspectives on global journalism and the foreign policy process. Nueva Jersey: Ablex Publishing Corporation.

Myre, G. (26 de marzo de 2018). CIA Recruiting: The Rare Topic The Spy Agency Likes To Talk About. National Public Radio. Recuperado de www.npr.org/sections/parallels/2018/03/26/594909193/cia-recruiting-the-rare-topic-the-spy-agency-likes-to-talk-about

Quintero, V. (28 de agosto de 2019). La China del siglo XX y las acusaciones de narcoterrorismo (1949 en adelante): la propaganda en medio de la ficción y la realidad. Medium. Recuperado de http://medium.com/@vicentequintero/la-china-comunista-y-las-acusaciones-de-narcoterrorismo-propaganda-entre-la-ficción-y-la-realidad-223e334f15a0

Vicente Quintero Príncipe

Vicente Quintero es analista cultural y político. Escritor de un libro sobre el Tercer Reich en Venezuela, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, en proceso de publicación. Licenciado en Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana de Caracas, con énfasis en la politología. También estudió, durante 1 año, Lengua y Cultura Rusa en el Instituto de Estudios Internacionales ИМОП de la Universidad Politécnica Estatal de San Petersburgo (Rusia). Cursa actualmente estudios de postgrado en Gobierno y Políticas Públicas, en la Universidad Central de Venezuela — en proceso de entrega del trabajo final de grado — . También cursa estudios especializados de Teología avalados por el Patriarcado de Moscú y de todas las Rusias, máximo representante institucional de la Iglesia Ortodoxa en Rusia y su eje de influencia. En 2018, presentó la obra de arte “Producto LGBT” en el Museo Nacional Alejandro Otero de Caracas, bajo dirección de la Fundación Museos de Venezuela. Aprobada la mitad de los créditos en la Licenciatura en Psicología de la Universidad Metropolitana de Caracas. Quintero ha sido intérprete-traductor y asesor político de periodistas y empresarios extranjeros en Venezuela.

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