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África está “a sólo dos o tres semanas” de una tormenta como Italia o España

África está “a sólo dos o tres semanas” de una tormenta como Italia o España

El coronavirus acecha a África y se multiplican las voces de alerta desde el continente. La semana pasada, fue Matshidiso Moeti, directora de la Organización Mundial de la Salud para África, quien calificó de “evolución dramática” el crecimiento de positivos en el continente. La doctora sudafricana salió al paso así ante la calma global por los pocos casos detectados en territorio africano: hasta ayer 4.807 positivos y 154 fallecidos en 47 países.

Ayer quien activó el botón de alarma fue la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para África de la ONUVera Songwe. Señaló que el continente está a sólo dos o tres semanas de evitar una “tormenta tan brutal” como la de Italia o España. El también camerunés John Nkengasong, director del Centro de Control y Prevención de Enfermedades, sumó sus miedos: “Antes dije que era una amenaza inminente para el continente, ahora digo que es un desastre inminente”.

Expertos en epidemias y emergencias humanitarias consultados por La Vanguardia advierten de que la progresión de coronavirus en suelo africano es similar a la de los países más afectados de Europa y amenaza con colapsar los frágiles sistemas sanitarios de muchos estados. Así, pese a la rápida reacción de varios gobiernos que han cerrado fronteras y confinado a su población –ayer Nigeria cerró Abuya y Lagos, esta última, ciudad de 20 millones de habitantes–, las perspectivas no invitan al optimismo. Según un informe del London School of Hygiene and Tropical Medicine al que ha tenido acceso este diario, a tenor de las cifras actuales la mayoría de los países africanos superarán los 1.000 casos cada uno en menos de un mes y llegarán a 10.000 casos pocos días después. Sudáfrica, el país más afectado con 1.200 positivos –casi uno de cada cuatro en el continente– superó hace días esta estimación. La expansión de la pandemia tendrá efectos devastadores en algunos de los sistemas de sanidad más débiles del mundo, sin recursos humanos y materiales suficientes, dejará sin atención a miles de pacientes de tuberculosis, VIH, malaria o malnutrición y dará el golpe de gracia a emergencias humanitarias en desarrollo.

Para el médico guineano Mamady Traoré, experto de Médicos Sin Fronteras en enfermedades tropicales e infecciosas, la progresión del virus es especialmente preocupante en países como Burkina Faso, el noreste de Nigeria o Mali. “Son zonas con mucha población desplazada y mucha violencia. Allí, una epidemia en un campo de desplazados puede ser catastrófica”. Traoré, que ha lidiado con crisis de meningitis o cólera en Congo, Uganda, Chad o Haití, cree que las cifras de contagios de coronavirus en África están “enormemente subestimadas” ya que varios países no hacen tests a los sospechosos de ser positivos, pero se aferra a una esperanza: que la rápida reacción y las enseñanzas de otras crisis sanitarias compensen la falta de medios. “La experiencia en epidemias de cólera, ébola o sarampión han desarrollado herramientas de contención clave como la detección precoz, la prevención o la sensibilización”.

Desde Banjul, la epidemióloga catalana Anna Roca, investigadora de la Covid-19 Medical Research Unit de Gambia, con más de 13 años de experiencia en África, se apoya en los números para argumentar su preocupación. “Si hay menos casos todavía es porque ha tardado más en llegar, pero las cifras dicen que una vez empieza el contagio se está extendiendo igual que en España o Italia”. Y su capacidad de reacción está a años luz: en Gambia hay sólo dos camas de cuidados intensivos para dos millones de habitantes. Roca avisa además de los costes del cierre de fronteras o el confinamiento de ciudades enteras. “Para mucha gente, el impacto económico será muy duro”. El Programa Mundial de los Alimentos estima que la pandemia supondrá una pérdida de 220.000 millones de dólares para los países en desarrollo y destruirá casi la mitad de los trabajos formales en África.

Desde su oficina de la OMS para la región africana en Congo, la nigeriana Mary Stephen ofrecía ayer una luz de optimismo. “Los gobiernos han reaccionado con medidas estrictas y aún hay una posibilidad si se movilizan todos los recursos posibles: médicos jubilados, estudiantes de enfermería, cualquiera que en África pueda aportar algo, debe colaborar para frenar la pandemia. Poco, pero aún hay tiempo”.

Hará falta ayuda externa también. Desde Sudáfrica, el epidemiólogo catalán Xavier Gómez Olivé apunta a la necesidad de la implicación mundial. “Cuando Europa supere la crisis deberá mirar hacia el sur y ponerse en serio o las consecuencias serán graves”.

Hace unos días, el primer ministro de Etiopía y Nobel de la Paz, Abiy Ahmed, apuntó en la misma dirección. Tras tildar de miopes y contraproducentes las medidas descoordinadas entre los países europeos, advirtió de las consecuencias de una ausencia de solidaridad global: “Si el virus no es derrotado en África, regresará para golpear al mundo”.

La Vanguardia

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