Opinión

2018: ¿Fin del Califato?; por Julio César Pineda

2018: ¿Fin del Califato?; por Julio César Pineda

Julio César Pineda

El año 2018 se inicia con las buenas noticias de lo que pudiera ser el fin del califato, el proyecto del terrorismo islámico que pretendió recrear en Bagdad y en Damasco su visión de un Estado confesional y anacrónico con la visión única de la política impregnada de religión. A diferencia de Bin Laden y los talibanes cuyo cuartel general en Afganistán bajo el “Mulá Omar”, pretendieron hacer sus revoluciones y sus conquistas desde un punto lejano a los centros fundamentales del Corán y a la vieja historia de los califatos. El último, el otomano, que por 700 años (1299-1922) controló toda la región y terminó con la Primera Guerra Mundial y la creación de la República de Turquía, en la búsqueda de una convivencia entre la democracia y el islam. Daesh (en árabe, ad-dawla al-islamiya), con su proyecto político de ISIS (Islamic State of Iraq and Syria) y su líder único Abu Bakr al-Baghdadi, centró su acción y sus dos capitales en la ciudad iraquí de Mosul y en la Al Raqa de Siria. Desde el 2014, Mosul y Al Raqa habían sido declaradas capitales del nuevo califato, tratando de borrar las fronteras nacionales, para imponer la comunidad de los creyentes (la Umma), una nueva nación sin fronteras con el estricto cumplimiento en lo político, económico y social de su visión del islam. Es posible que Abu Bakr haya sido ajusticiado en esa región del río Éufrates y la frontera sirio-iraquí.

Ajedrez político y diplomático
Las potencias occidentales han jugado también su ajedrez político y diplomático en este combate contra el terrorismo y en función de sus intereses, donde la guerra de Siria con cerca de 400.000 muertes en 7 años, ha sido un factor asimétrico en la lucha contra el califato. En Siria, Irán y Rusia confrontan a la Unión Europea y a Estados Unidos. El presidente Bashar al-Ásad le debe su gobierno a rusos y a iraníes, quienes al combatir el terrorismo también han disminuido las fuerzas de oposición política y militar de carácter democrático que han buscado un cambio de régimen desde que la Primavera Árabe incendió todo el Medio Oriente. Lo mismo ha pasado en Irak, donde su primer ministro Haider al-Abadi, también ha fortalecido su poder pero con el apoyo de Estados Unidos y de Irán, especialmente frente a las pretensiones de los kurdos que reclaman un Estado independiente, no sólo en Irak sino en toda la región. Será importante observar qué va a ocurrir con las milicias kurdas y del grupo chiíta libanés Hezbolá. Los kurdos como la minoría más grande en el Medio Oriente, con cerca de 40 millones, y con sus comandos masculinos y femeninos, representaron la resistencia más fuerte al ISIS. Están presentes en cuatro países: Irán, Turquía, Irak y Siria. Recientemente un referéndum por su independencia en el Kurdistán iraquí, dirigido por su líder Masoud Barzani, fue desconocido por el gobierno iraquí, con el apoyo de Irán y Turquía donde temen el separatismo kurdo.

Sin el control territorial, sin el petróleo que le generaba recursos al ISIS, con muchos combatientes experimentados podrían abrir otros frentes en la región y particularmente en Europa y en Estados Unidos, incluyendo ataques a centros paradigmáticos con lobos solitarios como han ocurrido recientemente en Barcelona, Berlín, Niza, Manchester, entre otros. Daesh en junio de 2014 controlaba un territorio de 200 mil km2 entre Siria e Irak que hoy ha perdido totalmente. Los países occidentales podrían vivir situaciones difíciles con el retorno de muchos de estos terroristas, porque se convertiría el terrorismo en un medio de acción no territorializado. Un atentado puede ocurrir en cualquier lugar y en cualquier momento, con la angustia y las medidas que genera, dejando de lado la división entre combatientes y no combatientes y convirtiendo a todo el planeta en un campo de batalla.

Educación y una nueva conciencia
El 11 septiembre de 2001 nos recuerda lo terrible de una acción terrorista que abrió el camino a esta nueva lucha con la autorización de la violencia como fórmula política. Seguirá siendo una guerra asimétrica, pero siempre es un acto político con el uso de la propaganda y los medios masivos de comunicación y al margen de los Estados. Hoy nadie escapa a su presencia, tanto en Occidente como en la Europa Oriental, en el mundo africano, en China y fundamentalmente en los países árabes. Lo fundamental es que para luchar contra el terrorismo y especialmente el que se justifica en el imperativo religioso, es necesario desarrollar programas de educación y una nueva conciencia de los jóvenes hacia la paz, pero ofreciéndole condiciones para un total desarrollo. Sólo la fuerza militar y el combate bélico contra el terrorismo no basta, así lo demostró la Guerra de Irak del 2003 convocada en la lucha contra el terrorismo, pero lo que generó fue condiciones para que éste se desarrollara. Llegar a acuerdos en la sociedad civil de los Estados que lo sufren con las prácticas democráticas y la defensa de los derechos humanos y al acuerdo necesario en el campo internacional, tanto a nivel regional como mundial. Como siempre, será la política la que debe trabajar en función de su solución.

jcpineda01@gmail.com

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