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Radiografía económica de Paraguay: no todo lo que brilla es oro, por Crismar Lujano

Radiografía económica de Paraguay: no todo lo que brilla es oro, por Crismar Lujano

Crismar Lujano/Telesur

Ahora que Horacio Cartes experimenta la cercanía al término de su mandato como presidente de Paraguay, (Art.229 de la Constitución Nacional de 1992: «…el Presidente de la República y el Vicepresidente duraran cinco años improrrogables… No podrán ser reelectos en ningún caso») [1] y con el debate semibloqueado en el Senado por una propuesta de reforma a la carta magna para habilitar reelección[2] resulta propicio radiografiar la realidad económica del país, con la mirada puesta en los datos registrados durante estos tres primeros años de su gestión y una pregunta a dedo en el gatillo: ¿merece Cartes una segunda oportunidad?

La agenda del líder Colorado exhibe el apuntalamiento del modelo agroganadero exportador, siendo la carne bovina y la soja los principales productos de la canasta de ventas. El desarrollo del sector ha generado fiesta para pocos y aguaje para muchos. Las divisas obtenidas a través de la actividad económica ofrecen mayor capacidad de compra a los sectores más concentrados que a su vez han impulsado el auge financiero e inmobiliario del país. Sin embargo, al ser altamente suceptible de los cambios climáticos, en términos generales la actividad agroganadera ha sido incapaz de generar suficientes puestos de trabajo en una economía primaria dependiente,  además responsable de una deforestación acelerada y el desplazamiento de la agricultura familiar.

Si bien el gobierno de Cartes ha dado continuidad a políticas sociales como el plan Tekoporá en atención a hogares en condición de extrema pobreza, o el derecho a la pensión alimentaria a través del Plan Adultos Mayores, lo cierto es que el grueso de sus decisiones económicas no han estado precisamente dirigidas a la asistencia de los sectores más vulnerables. Por el contrario, éstas han otorgado mayor poder al empresariado y han fortalecido la mirada de comercio librecambista y de alianza trasnacional reinstalada en Paraguay desde que Cartes llegó al palacio de los López en agosto de 2013.

Luz para la calle…

Enfocado en el fortalecimiento de estas alianzas, a inicios de diciembre, el ejecutivo emprendió una mini gira por dos países de Europa: Francia y Alemania. Aunque corto, el periplo ha sido una movida clave para el desarrollo y continuidad de su agenda económica liberal en Paraguay. En París participó en la Cumbre Mundial de Alianza para el Gobierno Abierto y además, presentó la candidatura del país suramericano para adherirse al Centro de Desarrollo de la OCDE, organismo que a esta fecha ya aprobó el pedido formal de ingreso, ubicando a Paraguay a sólo un paso de su recibir su estatus dentro del exclusivo club de países «ricos». Por su parte, en Alemania la agenda incluyó, entre otras cosas, reuniones con miembros de la Asociación de Cámaras de Industrias y Comercio del país, empresarios a quienes les recordó las bondades de su gobierno para con el capital extranjero y les invitó a invertir.

Si nos fijamos estrictamente en los números, Paraguay no es un mal negocio. En la última década el frente macroeconómico ha gozado sólidas condiciones. Tanto es así que pese a los coletazos de la crisis financiera mundial de 2008, el bienio siguiente, aún bajo la administración del ex presidente Fernando Lugo, el producto interno bruto (PIB) de 2010 creció a un ritmo superior al 13%, la primera dentro del Mercosur y una de las más altas del mundo en ese año. Igualmente, salvo el retroceso de -2,6% en 2012, producto de una crisis de inestabilidad política por la destitución de Lugo sumado a dificultades climáticas que afectaron la ganadería y la agricultura, Paraguay ha mantenido tasas de crecimiento mayores a 3% en los últimos tres años.

Pese a la caída acumulada de más de 40% de los precios de la soja y la carne en le mercado externo; algunos sectores dinámicos de la economía como las finanzas, los agronegocios, y la comunicación, se aceleraron. El buen desempeño de estos sectores también ha propiciado el retorno de la confianza de los inversores, traducido en una recuperación en el flujo de entrada de inversión extranjera directa (IED)  alcanzando niveles históricamente elevados sobre los USD 400 millones en 2012, según datos del Banco Central de Paraguay.

Por su parte, la adopción de unas metas de inflación en 2011 ha contribuido a minimizar la volatilidad del tipo de cambio así como del índice de precios que en 2016 acumula  3,3%[3] Reacio a cobrar impuestos -para no incomodar a los más ricos- Paraguay tiene una presión fiscal tan sólo de 18% del PIB [4] una de las menores de América Latina y más llamativa en ganancia de los grandes capitales.

… oscuridad para la casa

Toda esta serie de logros macroeconómicos de la administración de Cartes han sido elogiados por los tradicionales organismos internacionales de crédito, Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, sin embargo, ello no significa que hayan tenido una aquiescencia generalizada. Y es que aunque todo parece marchar bien, los contratiempos económicos de la población son incuestionables.

Paraguay es un país de históricas desigualdades. Con casi 3,5 millones de personas como población activa, el 80%, es decir, dos de cada tres trabajadores, no tiene cobertura social, no cuenta con un seguro de salud ni recibe pensiones por jubilación. Esto se debe a la alta informalidad laboral que para 2011 superaba el 60% según datos de la Organización Internacional para el Trabajo (OIT)[5], y también a que al menos ocho de cada diez empresas no inscriben a sus trabajadores en el Instituto de Prevision Social (IPS).

Distribución. Las disparidades también se nota en el reparto de tierras. De acuerdo con el informe “Desterrados: tierra, poder y desigualdad en América Latina”[6], presentado por la organización humanitaria Oxfam en Colombia, el 71,3% de los terrenos cultivables está controlada por el 1% de los terratenientes del país; un sólido dato registrado de igual forma en los censos agrícolas y denunciado ampliamente por la centrales campesinas de Paraguay.

Pobreza. En los últimos años no ha registrado aumentos. De hecho cifras oficiales de 2015 divulgadas por la Secretaría Técnica de Planificación (STP), hubo una disminución del 0,33% de la tasa de pobreza respecto a 2014. Asímismo, la pobreza extrema se redujo un 0,5% desde 2014, cuando fue del 10,47%. Pese a los números alentadores, aún siguen rezagados: alrededor de un millón y medio de paraguayos, el 22,24 por ciento del total de 6,7 millones de habitantes, vive con menos de USD 4,0 al día (monto que mide el umbral regional de pobreza).

La desigualdad de ingresos también sigue siendo un reto importante. Para 2012 el coeficiente de Gini marcaba 0,481 su menor nivel en décadas. Datos del Banco Mundial, reflejan que para 2014 la medida que mide la desigualdad por ingreso subió a 0,516[7], dando cuenta de un descenso para la mayor parte de los quintiles poblacionales, cuya precariedad aumentó proporcionalmente. Pero no se trata de sólo números. La ciudadanía lo siente y así lo ha expresado en mediciones de opinión como en la Encuesta Permanente de Hogares[8] en donde confirman que el auge económico de los últimos años solo ha alcanzado para unos pocos.

Festival de deuda. El gobierno de Horacio Cartes ha llevado adelante una política de creciente endeudamiento público que en 2015 alcanzó 24,19% del PIB[9] a través de la colocación desmesurada de bonos soberanos en los mercados internacionales. Lo alto en sí no es cuestionable, ya que comparado con el nivel de los países de la región, es uno de los más bajos. Pero el manejo de pasivos y la limitada cantidad de recursos estatales para honrar los compromisos financieros sin que ello signifique empeñar los gastos fijos agitan las dudas sobre su sostenibilidad en el tiempo, una suerte de hipoteca para el futuro del país.

El principal desafío a largo plazo de Paraguay es la construcción de una agenda de reformas económicas y políticas que le permita transformar el actual conjunto de instituciones “élite extractivas” hacia unas más inclusivas.

Al igual que en la política, en lo económico no todo lo que brilla es oro. Crecimiento no siempre es sinónimo de desarrollo o de equidad. En ocasiones incluso podría acentuar la desigualdad, sobre todo si hablamos de uno de los países más políticamente inestables de la región en donde la convicción generalizada de la población es que el administrador, en este caso Cartes, gobierna por y para los ricos. Lo demás es retórica.

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