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Por qué un ordenador o tableta puede considerarse una amenaza terrorista

Por qué un ordenador o tableta puede considerarse una amenaza terrorista

En una sociedad tan altamente informatizada son pocos los espacios ajenos a la tecnología. Y, además del progreso que eso conlleva, los Cuerpos de Seguridad de todos los países han estado siempre preocupados por descubrir los lugares más improbables en donde los terroristas decidan instalar explosivos. En el fatídico año 2001, Richard Reid, un ciudadano británico, intentó volar un avión que completaba la ruta París-Miami. Se le conoció como el «terrorista del zapato» porque fue ahí donde, para llevar a cabo sus dudosas intenciones, introdujo un pequeño artefacto oculto y disimulado que pasó los controles de seguridad. Los pasajeros lo detuvieron, pero ese concepto suicida ha estado perseguido desde entonces.

La prohibición del gobierno de EE.UU. y Reino Unido de portar dispositivos electrónicos más grandes que un teléfono móvil inteligente en vuelosprocedentes de ocho países de mayoría musulmana responde a ese permanente miedo que considera que estos aparatos, aparentemente inocentes, puedan ser comprometidos y utilizados para introducir artefactos explosivos. Esta restricción incluye aparatos tan extendidos en la sociedad como tabletas y ordenadores portátiles, pero quedan excluidos móviles y determinados artefactos médicos.

Los expertos alegan tres razones para tomar esta decisión. Por las posibles interferencias que generan estos aparatos en las comunicaciones de los aviones, el potencial riesgo de ignición de las baterías empleadas y, por otro, por el miedo a ocultar explosivos en el interior de los dispositivos. «Cuando [por los aparatos electrónicos] están activados a bordo del avión pueden generar interferencias, pero también pueden causar que, como los más modernos llevan baterías de iones de litio, cuando están en vuelo por las condiciones de presión y altura pueden ser inestables y provocar incendios», sostiene a ABC Antonio Mota, miembro del Grupo de Expertos del Colegio Oficial de Ingenieros Aeronáuticos de España (COIAE), quien lamenta las órdenes contradictorias en materia de equipaje.

Desde el pasado año, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) recomendó que, por cuestiones de seguridad y ante el potencial peligro de inicio que pueden provocar, estos aparatos deben estar dentro del ámbito del pasajero, pero las medidas impuestas por EE.UU. prohíbe portarse en cabina por cuestiones antiterroristas, lo que según este experto es la antesala de la prohibición total, «algo excepcional en los tiempos que corren».

Interferencias y problemas de calentamiento

El uso durante el vuelo de aparatos electrónicos es una realidad a la que las aerolíneas y diferentes instituciones gubernamentales y de seguridad aérea han tenido que hacer frente. Desde hace un año se pueden llevar, siempre y cuando se tenga activado el modo avión para que no interfiera en las comunicaciones, este tipo de aparatos que muchos pasajeros suelen utilizar para visualizar contenidos audiovisuales o adelantar trabajo.

Los expertos insisten en que su uso puede alterar algunas frecuencias. Las normativas de diseño de estos dispositivos son cada vez más estrictas para minimizar esta posibilidad. Según señalan a este diario fuentes de la firma de seguridad S2 Grupo, en este caso se trata de una cuestión de compatibilidad electromagnética, es decir, «de la posibilidad de que las perturbaciones radiadas por equipos electrónicos de uso común puedan acoplarse e interferir en el funcionamiento normal de los sistemas de a bordo, que también son electrónicos».

El sobrecalentamiento y posterior incendio del dispositivo, además, es otra probabilidad real dadas las configuraciones técnicas de los móviles actuales que utilizan baterías de iones de litio. Hay que recordar que tras los primeros casos de incendios en las baterías del móvil de Samsung, el Galaxy Note 7, las aerolíneas reaccionaron de manera tajante, es decir, prohibiendo su entrada y obligando a los pasajeros a tenerlo apagado.

Las dimensiones son, por tanto, el límite, dado el miedo a que una tableta pueda ocultar una pequeña bomba disimulada bajo su pantalla. Y se trata, pues, de una medida potencialmente real porque es tan poco el espacio que necesita un explosivo que se puede sustituir por la batería sin que nadie se dé cuenta. Pero no solo eso. Se han dado casos de usos de un dispositivo móvil como detonador remoto de un artefacto explosivo. Técnicamente no existe diferencia alguna entre el uso de un reloj como temporizador y un teléfono móvil actual. El pasado año, sin ir más lejos, se detuvo a un hombre de 64 años en Colorado (EE.UU.) por un intento fallido de accionar una pequeña bomba a través de su móvil.

Uno de los terroristas más perseguidos por los servicios de inteligencia occidentales durante mucho tiempo fue Ibrahim Hassan al-Asiri, saudí considerado como el responsable de la fabricación de bombas y miembro de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA). Hasta hace varios años se temía que los terroristas fuesen capaces de desarrollar un explosivo que pudiera evadir los controles de seguridad actuales. «Los terroisstas pueden utiliar estos aparatos como bombas al sustituir las baterías por un explosivo plástico, que es lo que les está preocupando a la administración porque tienen unos indicios que terroristas han logrado sustituir los componentes de esas baterías por materiales explosivos», señala Mota.

Fuente: ABC
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