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Lo poco que no debe “congelar” en renta fija

Lo poco que no debe “congelar” en renta fija

El apetito por los bonos gubernamentales desaparece, a la vista de las mayores expectativas de inflación en la economía global. Por este motivo, el menú de los bancos de inversión para el próximo ejercicio incluye la deuda corporativa y, dentro de ésta, la que tiene mejor calificación. Aunque los bonos ligados a la inflación y los convertibles también están en carta, informó El Economista


La victoria de Donald Trump en Estados Unidos ha alimentado las expectativas inflacionistas y, con ello, provocado un castigo en los bonos en la recta final del año que amenaza con prolongarse durante 2017. Sobre todo, tras la subida de tipos de la Reserva Federal estadounidense en diciembre, que apaga el apetito de los inversores por la renta fija, y teniendo en cuenta que el recorrido de este activo es limitado después del rally que ha protagonizado en los últimos meses.

Así, no es de extrañar que la mayoría de bancos de inversión y gestoras concluyan que la deuda será uno de los mayores riesgos de cara al año venidero y el activo más difícil de gestionar. Eso sí, también coinciden en que su devenir vendrá marcado por lo que pase al otro lado del Atlántico. La mayoría sitúa la rentabilidad del T-Note americano a 10 años por encima del 2,5 por ciento actual.

El más pesimista es Bankinter, que eleva el interés del Treasury hasta el 3 por ciento (la inversión en renta fija funciona al revés que la bolsa: a mayor rentabilidad, menor precio del bono y, por tanto, genera pérdidas al inversor). Mientras que Bank of America y Goldman Sachs son más cautos, y lo ven en el 2,6 y 2,75 por ciento, en cada caso -eso sí, alcanzados estos niveles para el inversor europeo puede ser una oportunidad con el dólar como viento a favor- .

En lo que respecta al español, Andbank es el más pesimista, al situar su interés a 10 años en el 1,9 por ciento; mientras que Bankinter cree que rondará el 1,7 por ciento, desde el 1,3 por ciento actual.

A pesar de todo, la opinión de la mayoría es mantener una parte de la cartera en deuda, a fin de diversificar. Pero no todo vale. Estas son las ideas que conviene no congelar.

Corporativo, mejor que gubernamental

Existe consenso en que, con la mejora de los fundamentales macroeconómicos en EEUU, “cabe prever una mejora de los beneficios de las empresas estadounidenses”, además de una “normalización de los impagos tras el repunte vinculado a las empresas energéticas en 2016”, explican desde Pioneer Investments. Por ello, creen que “la deuda corporativa posiblemente lo hará mejor que la soberana, tanto en Europa como en Estados Unidos”. Dentro de este espectro, desde Fidelity concretan que “los bonos de alta calidad crediticia o investment grade son nuestro segmento preferido, si bien los bonos de alto rendimiento o high yield tienen su atractivo”.

Bonos convertibles

Son instrumentos de renta fija que pueden ser convertidos en acciones en un momento determinado, con lo cual están participando de dos mercados: el de renta fija y el de renta variable. “Por una parte, al tenedor del bono le van a pagar el nominal a vencimiento y, por otra parte, al ser convertibles en acciones cotizadas en bolsa, la evolución positiva de esas acciones puede ser aprovechada por el tenedor de estos bonos”, explican desde Morningstar.

Una alternativa apetecible, según Schroders, para afrontar los acontecimientos imprevistos que podrían surgir en 2017, más allá de las subidas de tipos en Estados Unidos o de las citas electorales en toda Europa: “Las perspectivas de mercado nos sugieren que la cobertura frente a caídas que ofrecen los bonos convertibles será muy útil”.

Bonos ligados a la inflación

Otro de los productos que gustan a los expertos son los bonos ligados a la inflación. Es la preferencia de BlackRock, ya que “las expectativas de inflación en Estados Unidos han repuntado desde niveles deprimidos”. A medio plazo, sitúan el incremento del precio del dinero en este país en el 2,5 por ciento, mientras que las perspectivas de la zona euro se mantienen “más moderadas”. Desde UBS, creen que “los bonos estadounidenses ligados a la inflación lo harán mejor que los bonos de mejor calificación cuando la inflación aumente”. Esta es una de sus 10 ideas de inversión para 2017, ya que consideran que el mercado está infravalorando el riesgo de una inflación más alta.

Duraciones cortas

Otra cuestión es la duración de la cartera. Desde Deutsche Bank prefieren los plazos cortos y lo cierto es que hay consenso con el resto del mercado. Este último es uno de los aspectos más importantes en el entorno actual ya que, tal y como explican desde BBVA, la duración no solo mide el plazo efectivo hasta el vencimiento de una cartera o la gestión de riesgos, sino también “la sensibilidad del precio de un bono ante cambios en los tipos de interés” (a más largo plazo, mayor riesgo y viceversa). Y Janet Yellen, presidenta de la Fed, ya anunció la semana pasada que el próximo año el organismo prevé tres subidas del precio oficial del dinero al otro lado del Atlántico. Mientras que en Europa no se divisa ninguna hasta finales de 2018, según las probabilidades que recoge Bloomberg.

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