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Ella es la espía estadounidense más peligrosa de la que nunca has oído hablar

Ella es la espía estadounidense más peligrosa de la que nunca has oído hablar

Un reportaje de Thom Patterson para CNN

Ella puso a tropas estadounidenses en peligro, traicionó a su propio pueblo y transfirió tantos secretos que, según expertos, Estados Unidos nunca sabrá la verdadera extensión del daño.


Ana Montes era la Reina de Cuba, una estadounidense que de 1985 hasta los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, entregó secretos militares a La Habana mientras trabajaba como una de las principales analistas de la Agencia de Inteligencia Militar (DIA, por sus siglas en inglés) del Pentágono.

Pero a pesar de sus crímenes, Montes sigue siendo por muchos desconocida.

Ana Montes, la Reina de Cuba, el día en que fue arrestada.

Quizá piensas que Cuba no podría hacerle mucho daño a una superpotencia como Estados Unidos, dice Chris Simmons, agente retirado de la DIA, en declaraciones al programa de CNN ‘Declassified’.

Pero no es así.

La amenaza se incrementa, dice, cuando La Habana vende esos secretos militares a naciones como China, Rusia, Irán, Venezuela y Corea del Norte.

El descontento de Montes sobre la política exterior de Estados Unidos complicó sus relaciones y llamó la atención de cubanos que la convencieron de darle la espalda a sus amigos, su familia y su propio país.

Las fascinantes técnicas de espionaje que surgieron de su caso ofrece un raro vistazo al mundo invisible del espionaje. Algunos expertos creen que puede haber hasta 100.000 agentes extranjeros trabajando dentro de Estados Unidos.

Las dos Anas

Montes creció como millones de otras chicas durante la Guerra Fría, en una familia de clase media, la mayor de cuatro hijos.

Ella es nacida de padres puertorriqueños en una base militar en Alemania en 1957. El padre de Montes sirvió al país como un doctor del Ejército. Para cuando Montes entró a la preparatoria, su padre había dejado al Ejército y estableció a su familia a una hora al norte de Washington, en Towson, Maryland.

Ella fue a la Universidad de Virginia y de 1977 a 1978 pasó un año sabático estudiando español. Fue en ese entonces cuando conoció a una estudiante puertorriqueña llamada Ana Colón.

Las dos Anas pronto se convirtieron amigas debido a sus raíces isleñas, no debido a la política. “No tenía ninguna idea del mundo político”, dice Colón, quien ahora es una maestra de educación básica en el área de Washington.

Pero Montes, a la edad de 20 años, era lo opuesto.

“Ella ya estaba mucho contra Estados Unidos” por “el abuso que Estados Unidos había hecho” al manipular gobiernos en América Central y Sudamérica, dice Colón.

“Y en nada ayudó que todas las personas con las que salíamos también estaban en contra de Estados Unidos”, agrega.

Al final de su año en el exterior, las dos Anas siguieron en contacto a través de cartas.

Así fue reclutada

En 1984, Montes había terminado su carrera universitaria y tenía un trabajo en el Departamento de Justicia en Washington, además de que estudiaba una maestría en la Universidad Johns Hopkins.

Ella solía denunciar el apoyo del presidente Ronald Reagan a los rebeldes que luchaban contra regímenes pro-comunistas en América Central.

“Ella sentía que Estados Unidos no tenía el derecho de imponer su voluntad a otros países”, dice Pete Lapp, agente especial de FBI, el hombre que eventualmente dirigió la investigación contra Montes y terminó arrestándola.

Alguien en la Universidad Johns Hopkins notó los apasionados puntos de vista sobre Cuba y pronto fue presentada a reclutadores y aceptó ayudar a la causa cubana.

Al mismo tiempo, Montes aplicó para un trabajo en la Agencia de Inteligencia de Defensa, donde los trabajadores manejan secretos militares estadounidenses diariamente. Ella comenzó en ese lugar en 1985, cuando ya era espía cubana, según el FBI.

En marzo de 1985, Montes hizo un viaje clandestino de espionaje a Cuba a través de Madrid y Praga, de acuerdo a un reporte ultrasecreto del Departamento de Defensa, ahora desclasificado.

Cuando regresó, Montes fue con su excompañera de escuela Ana Colón. Aparentemente Montes se sintió lo suficientemente confortable para discutir con Colón su viaje secreto.

“Ella habló cómo la gente estaba siendo reprimida y sobre sus visitas a bases militares”, dice Colón. “Después, a través del FBI, me enteré que el viaje ocurrió cuando ella estaba entrenándose para ser espía”.

Luego de que Montes se estableció en la DIA, se detuvieron sus cartas a Colón, dice la mujer. “Me cortó, no tuve idea de qué pasó”. Años después, el FBI cree que Montes cortó la comunicación con Colón porque ella sabía mucho sobre sus actividades cubanas.

Robo de información

En la DIA, Montes escogió una técnica de espionaje que le ayudó a evadir la detección por 16 años. Una razón por la que mantuvo sus actividades en secreto fue el hecho de que nunca tomó documentos o archivos electrónicos para trabajar en casa, dice el FBI.

En cambio, Montes memorizó detalles de documentos sensibles y entonces, cuando llegaba a casa, los tecleaba de memoria en su computadora portátil.

Enseguida, Montes copiaba la información tecleada en discos encriptados. Ella recibía instrucciones en código a través de un radio de onda corta sobre dónde debería de entregar los discos a sus contactos cubanos.

Todo mientras subía de rango. Montes era considerada una empleada modelo y en 1997 recibió un certificado de distinción. Su reputación estelar le valió el apodo de Reina de Cuba entre sus colegas en la DIA.

Ana Montes, tras recibir un reconocimiento de la DIA.

Así fue atrapada

Una noche de 1996, Montes fue llamada a consulta al Pentágono durante un incidente internacional que estaba en progreso. Montes rompió el protocolo por no seguir en servicio hasta su retiro. Scott Carmichael, un oficial de contrainteligencia de la DIA, se preguntó el por qué.

Carmichael revisó su archivo personal. Él notó el récord impecable de Montes. Pero decidió llamar a Montes para interrogarla de todas formas. Al final de su reunión, Carmichael sintió que Montes ocultaba algo, aunque no tenía idea de qué. Él dejó pasar esto.

Cuatro años después, Carmichael escuchó que el FBI estaba buscando a ‘un topo’, un espía no identificado dentro de la DIA que estaba trabajando para Cuba.

El sospechoso había viajado a la Base Naval de Guantánamo, en una fecha en específico. Cuando buscó la lista de empleados de la DIA que visitaron la base durante esas fechas, un nombre familiar saltó: Ana Montes.

“En el momento en que vi su nombre, lo supe”, dice Carmichael.

Luego de eso, Carmichael y el agente Lapp se unieron para probar que la Reina de Cuba de la DIA en realidad era una espía.

Gracias a inteligencia “muy sensible”, se supo que ‘el topo’ no identificado en la DIA compró una marca y modelo específicos de computadora de una tienda en Alexandria, Virginia.

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Lapp pudo encontrar el registro original de la tienda que vinculó a la compra de la computadora con Montes.

Así es como el FBI supo que Montes era la espía que buscaban.

Buscando pruebas

Enseguida, el FBI buscó atrapar a Montes espiando.

Entonces, intervinieron sus teléfonos.

La vigilaron.

La siguieron.

Notaron sus patrones de conducta.

Se dieron cuenta que Montes caminaba a varios teléfonos públicos en Washington y que dejó de realizar llamadas.

Cuando rastrearon los dígitos que marcaba, los números iban a radiolocalizadores en la ciudad de Nueva York.

“Sabíamos que esos números en particular estaban asociados con espionaje cubano”, dice Simmons. “Ella estaba enviando señales. Eso nos dijo que todavía estaba en activo”.

Al registrar la casa de Montes mientras estaba fuera, agentes del FBI encontraron un radio de onda corta mediante el cual recibía mensajes de los cubanos.

Enseguida, el FBI creó un plan para distraer a Montes en el trabajo para buscar en su bolso.

Dentro encontraron un pedazo de papel que tenía un sistema de códigos que Montes usaba para comunicarse con los cubanos a través de teléfonos públicos y radiolocalizadores.

codigos-cuba

Ahora el FBI podía descifrar los mensajes que Montes estaba enviando. Ahora sabían qué estaba pensando.

El 11-S cambia el plan

Los ataques del 11 de septiembre acortaron la investigación sobre Mondes, terminando cualquier esperanza de atrapar a los contactos cubanos de la espía. Ella había sido elegida para un equipo que analizaría los blancos que Estados Unidos bombardearía en Afganistán, lo que le daría acceso a los planes de guerra del Pentágono. El tiempo había llegado para arrestar a la Reina de Cuba.

El 21 de septiembre de 2001, Montes fue llamada a la sala de conferencias de la DIA y el agente Lapp la puso bajo arresto, poniendo así fin a la carrera de una de las espías que potencialmente pudo haber hecho el mayor daño en la historia de Estados Unidos.

Según un oficial de contrainteligencia del Departamento de Defensa, citado en un reporte, “la única razón por la que la detuvimos es porque tuvimos suerte”.

Actos de traición

Montes y sus abogados lograron un acuerdo con los fiscales, declarándose culpable de un cargo de conspirar para cometer espionaje. A cambio, Montes obtuvo 25 años de prisión y cinco años de libertad condicional, además de que evitó la publicidad que le hubiese dado un juicio.

Ella aceptó decir al FBI y a otras autoridades detalles sobre sus actividades de espionaje desde que comenzó en 1985 hasta el día en que fue arrestada. Esas sesiones de cinco a seis horas ocurrieron tres días a la semana por siete meses.

Entre la información más dañina que Montes admitió haber dado a Cuba. según el FBI, fueron las identidades de cuatro agentes de inteligencia estadounidenses que trabajaban en la isla de manera encubierta.

Simmons dice que ella pasó a Cuba información sobre la ubicación de fuerzas especiales estadounidenses en El Salvador en la década de 1980. “Estoy convencido de que ella de manera intencional tomó cada acción para que estadounidenses murieran en combate”, dice.

Los motivos

Claramente, Montes no lo hizo por dinero.

A diferencia de Robert Hanssen, del FBI, que obtuvo 600.000 dólares de la KGB, o Aldrich Ames de la CIA que obtuvo 2,5 millones de dólares de Moscú, Montes no tuvo dinero por los secretos que dio a los cubanos, dice el FBI, a excepción del pago por algunos gastos.

Cuando apareció en la corte para declararse culpable, Montes ofreció un indicio.

“Creo que la política de nuestro país hacia Cuba es cruel e injusta”, dijo Montes al juez. “Me sentí moralmente obligada a ayudar a la isla a defenderse de nuestros esfuerzos por imponer nuestros valores y nuestro sistema político en ella”.

“¿Para ella el decir que no tuvo otra alternativa más que volverse espía? Creo que eso es una mie***, lo siento”, dice Colón.

“Tenía la energía de Juana de Arco. Pudo haber hecho cosas impresionantes por la vía legal. Pero ella escogió hacer cosas ilegales, innecesarias, desde mi punto de vista”, dice Colón. “En este país puedes trabajar contra Estados Unidos en muchas organizaciones. Ella no tenía que hacer lo que hizo”.

Reina de Cuba

Ahora de 59 años, la Reina de Cuba ha perdido su corona. Su nuevo palacio es el Centro Medico Federal Carswell en Fort Worth, Texas.

De acuerdo con su sitio de internet, este centro es una prisión con niveles de seguridad que van del mínimo al máximo para reclusas con necesidades médicas especiales o problemas mentales. No se sabe si Montes tenía problemas de salud que pudieron llevar a internarla en ese lugar. Ella saldrá el 1 de julio del año 2023.

Colón dice que ha intercambiado un par de cartas con Montes luego de que fue a prisión. Pero ella sigue desafiante.

“Tú estas bien en su mundo si apoyas lo que hizo. Y no lo hago”, dice Colón. “Cuando ella presenta su causa, la desafío y eso no le gusta”.

Aunque Colón dice que no se han comunicado en años, está claro que la amistad es mucho más importante para ella que la política, tal como cuando se conocieron por primera vez en la década de 1970.

“Esta experiencia ha sido muy traumatizante para mi. Ana es mi hermana”, dice.

“Si ella me busca, estaré para ella”.

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