Opinión

La astuta operación del asesinato de Chávez, por Toby Valderrama y Antonio Aponte

La astuta operación del asesinato de Chávez, por Toby Valderrama y Antonio Aponte

Toby Valderrama y Antonio Aponte/Aporrea

Ilusos los que piensan que el asesinato de Chávez fue obra del capricho de un guardaespalda o de un médico asesino que estaba experimentando un nuevo método de envenenamiento. El asesinato de Chávez forma parte de un plan más ambicioso con el fin de yugular al Socialismo. El plan se desarrolla en varias etapas, muchas ya ocurrieron sólo hay que revisar la historia reciente. Veamos.

Primera etapa, conseguir inocular el mal; ésta ya se cumplió.

Segunda etapa, luego de consumado el magnicidio, evitar que la dirigencia se salga del corralito de la democracia burguesa. Dando la batalla en ese terreno, cualquier resultado beneficia al plan. Esta etapa se cumplió a cabalidad.

Tercera etapa, al no conseguir sustituir al gobierno en la etapa dos, se procede a escorarlo cada vez más a la derecha, estimulando los factores internos débiles en su formación socialista, instigando las teorías reformistas, aupando a los mencheviques. Esta etapa, en lo sustancial, ya se cumplió.

Cuarta etapa, va a depender de la fortaleza del gobierno, existen varias alternativas dependiendo de las circunstancias: diálogo que conduzca a un gobierno de amplitud, golpe, y en muy improbable llegar al 2018 si el deterioro lo permite.

En todas las etapas se intenta desmontar la ética socialista del sentido del deber social y se aúpa el egoísmo, la salida individual, la ética del capitalismo, los valores de la iniciativa privada, así taladrando la moral de la masa se permitirá que acepte cualquier salida.

El gobierno de los hijos, pésimos discípulos de Chávez, no entiende la magnitud del plan, se olvida de su asesinato, piensa que es un asunto ya superado, una cosa del pasado sin relación con el futuro, y de esta manera es fácil instrumento para el restauración del capitalismo, en la práctica funciona como parte del plan, lo facilita con su actitud inconsecuente.

La respuesta fue despojar el magnicidio de cualquier rasgo político, olvidarse de la estrategia, es decir del Socialismo, convertirlo en un cascarón vacío que sirve para los días de fiesta, vivir al día, guiados por la consigna de “que no nos tumben.” Al olvidarse del Socialismo, al soltar al demonio capitalista, se nos vino el mundo encima, surgieron capitalistas de poca monta, los “bachaqueros”, acaparadores, revendedores al mayor, especuladores con la moneda, corrupción, todos hijos del capitalismo.

De esta manera el gobierno se debilita y la masa se desmoraliza, se decreta la guerra de todos contra todos. Así se levanta la suspicacia del capital internacional, es difícil conseguir préstamos, hasta los chinos se retraen.

El plan que comenzó con el asesinato de Chávez les está dando resultados: el Socialismo es sólo un mal recuerdo. El gobierno está amarrado de pies y manos, montado en la olla de la quinta etapa, cualquier alternativa que le convenga al imperio.

La pregunta que surge es si aún hay posibilidades de romper el plan antiSocialista. La respuesta está en las manos de los dirigentes, el plan se neutraliza con Socialismo, volviendo al inicio, al magnicidio, desde allí, corrigiendo errores, recuperando credibilidad, pasión, rescatando la ética del deber social.

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