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Empresas europeas afirman que las trabas legales chinas impiden la inversión

Empresas europeas afirman que las trabas legales chinas impiden la inversión

Las empresas europeas en China instaron hoy a Pekín a reducir las trabas legales al capital extranjero después de un 2016 en el que redujeron un 23 % su inversión, que se situó en 8.000 millones de euros, muy lejos del potencial de 100.000 millones cifrado por la Cámara de Comercio de la Unión Europea (UE) en este país.

La inversión europea en China “aumentaría sustancialmente si se eliminasen los obstáculos de acceso al mercado y se mejorase el marco legal”, advirtió el presidente de la institución, Mats Harborn, en la presentación del informe anual sobre la situación de las firmas de la UE presentes en el gigante asiático.

El ejecutivo sueco añadió que un 54 % de las compañías que participaron en la encuesta se sienten discriminadas con respecto a las empresas chinas.

Esta discriminación se intensifica a la hora de cumplir con las normativas medioambientales: salvo en Pekín y en el suroeste del país, algo más equitativos, las firmas europeas creen que se les exige mucho más que a las chinas, tanto privadas como públicas.

Más allá del supuesto trato de favor de las autoridades, las compañías europeas están comenzando a ver cómo las firmas locales son cada vez más innovadoras, un fenómeno que deben “seguir con cuidado”.

El informe se presenta solo dos días antes de la cumbre anual UE-China, que el próximo viernes se celebrará en Bruselas, con la participación del primer ministro chino, Li Keqiang.

Pese a la percepción poco optimista de la situación para las empresas europeas en China, lo cierto es que un 55 % de ellas aumentaron sus ingresos en el país asiático en 2016: mientras que las de transporte, logística y distribución se llevaron la peor parte, los esfuerzos de Pekín por atajar la contaminación causaron un fuerte crecimiento de las firmas medioambientales.

De todos modos, la industria europea sigue quejándose de la dificultad que supone hacer negocios en China: solo un 6 % cree que la situación ha mejorado con respecto al año pasado, mientras que el 49 % asegura que ha empeorado.

El sector más afectado es el de ingeniería civil y construcción: donde el 79 % de las empresas considera que las dificultades son mayores, sobre todo debido a los impulsos del Gobierno chino en materia de infraestructuras y a la concesión de los contratos a las empresas privadas chinas y, especialmente, a las estatales.

Uno de los cambios más relevantes en la encuesta es el sentimiento con respecto a las empresas públicas chinas: mientras que el año pasado, el 48 % de las empresas participantes pensaban que el gran momento de las estatales había pasado, esa cifra se redujo en 2016 al 35 %.

Con respecto al Ejecutivo chino, continúan los elogios a la campaña anticorrupción del presidente Xi Jinping, aunque siguieron criticando las pesadas cargas regulatorias, la ambigüedad de las leyes y la impredecibilidad del entorno normativo.

Harborn lamentó la falta de mejoras tangibles en la retórica aperturista utilizada por el Gobierno chino, en especial tras las declaraciones de Xi en el Foro Económico Mundial -celebrado el pasado mes de enero en Suiza-, en las que defendió la globalización y rechazó el proteccionismo.

El 56 % de estas empresas aseguró que aumentarían la inversión en sus negocios en China si realmente se aplicasen las políticas de apertura que Pekín propugna para paliar los problemas derivados de la falta de reciprocidad en el acceso al mercado, algo que preocupa al 79 % de las firmas participantes.

De hecho, en 2016 China invirtió un total de 35.000 millones de euros en la UE, cifra que representa un aumento interanual del 77 %.

Por último, Harborn recordó la importancia del tratado bilateral de inversiones que la UE y China negocian desde 2013, que calificó como un posible “punto de inflexión” para que Pekín demuestre que “se toma en serio la apertura y la reciprocidad”, y reduzca la complejidad de su marco legal para los inversores extranjeros.

“Las compañías europeas son innecesariamente precavidas a la hora de invertir en China, y China podría hacer mucho más a la hora de atraer capital extranjero”, indicó al respecto.

Sin embargo, las últimas medidas aprobadas para restringir la fuga de capitales le preocupan: “No necesitamos un exceso de regulación, necesitamos una regulación moderna”.

El presidente de la Cámara de la UE se mostró optimista sobre los plazos y aseguró que es posible que el tratado se firme el próximo año.

Fuente: EFE

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