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El cacao destierra al narcotráfico de un valle cocalero de Perú

El cacao destierra al narcotráfico de un valle cocalero de Perú

El cacao orgánico desplazó al narcotráfico de un recóndito y selvático valle peruano, en el convulso Alto Huallaga, donde hasta hace muy poco cultivar coca era prácticamente el único modo de vida.

Un inconfundible aroma a cacao impregna actualmente el ambiente del valle Bolsón Cuchara, cercano a la ciudad de Tingo María, en la céntrica región de Huánuco, y enclavado en el Alto Huallaga, una de las trece cuencas cocaleras de Perú, donde los cultivos ilegales de hoja de coca pasaron de 17.500 hectáreas en 2009 a 1.099 en 2015.

Ese drástico cambio se dio con la presencia en la zona de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida), cuya meta para 2021 es reducir en un 50 % las no menos de 55.000 hectáreas de cultivos ilícitos que actualmente tiene Perú, y que en su lugar se plante cacao, café, piñas y cítricos.

“No hablamos solo de sustituir la hoja de coca, sino de hacer caminos, ofrecer asistencia técnica y entregar títulos de propiedad para consolidar un desarrollo alternativo, integral y sostenible”, explicó a Efe la presidenta ejecutiva de Devida, Carmen Masías.

A pesar de que esta semana Devida inauguró cinco puentes en el Bolsón Cuchara, llegar a sus campos es adentrarse entre húmedas montañas y tortuosos caminos cubiertos de vegetación, una agreste y hostil orografía donde impera la pobreza y que fue dominada durante cerca de tres décadas por el grupo armado Sendero Luminoso.

“Son personas que vivieron muchos años amarradas a la ilegalidad por la fuerza, lidiando contra Sendero Luminoso, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) y el narcotráfico. En Perú hay 70.000 poblados de menos de 500 habitantes, con una geografía muy abrupta, y llegar a todos requiere mucha creatividad”, dijo Masías.

La presidenta de Devida, cuya meta es sustituir cada año 6.000 hectáreas de cultivos ilícitos, afirmó que los habitantes del Bolsón Cuchara, y también del Monzón, otra de las zonas del Alto Huallaga, “ya tienen otra visión” porque ven bancos y comercios donde antes solo había narcotráfico y violencia.

“Ahora ya no queremos coca porque es malograr al pueblo. Ya no más coca. ¿Para qué más? Más sufrimiento, no. Queremos superarnos con cultivos alternativos”, aseguró a Efe la presidenta de la junta vecinal del caserío La Curva, Alicia Villanueva, donde hay más de mil hectáreas de plantaciones.

Muy cerca, en el caserío de Los Cedros, hay plantadas 3.000 hectáreas de cacao que hasta hace tres años “eran cocales masivos”, recordó a Efe el dirigente vecinal, Félix Huaraca.

El campesino admitió que plantar coca “daba más dinero” porque por cada arroba (11,5 kilos) recibían entre 35 y 40 dólares, lo que equivale a unos 200 dólares por saco, mientras que por un saco de 100 kilos de cacao pueden obtener 400 soles (unos 122 dólares).

“La coca daba más dinero, pero había más destrucción. No se podía vivir en paz, porque había narcotráfico y terrorismo”, valoró Huaraca.

Sin embargo, la producción de cacao se vio golpeada en los últimos meses por la irrupción de plagas como la carmenta, que malogra hasta un 50 % de la cosecha, unido a una dramática caída de los precios, que pasaron en un año de 10 a 4 soles, contó a Efe el agricultor Pascual Utía, dirigente de la cooperativa Inka Cuchara.

“En algunos casos están tumbando el cacao para sembrar plátano, y también hay riesgo de que se vuelva a sembrar coca. Eso es lo que no queremos porque sería un atraso. Queremos café, plátano, naranjas y otros productos que den valor a este valle”, añadió Utía, habitante del municipio de Venenillo.

Carmen Masías reconoció que superar esa coyuntura requerirá una eficaz articulación con otras instituciones estatales como el Ministerio de Agricultura.

A pesar del notorio triunfo sobre la coca en estas tierras, la batalla es todavía dura, pues aún no hay una reducción de cultivos ilícitos en el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM), la mayor cuenca cocalera del país, bajo control militar por ser el último reducto de Sendero Luminoso.

Fuente: EFE

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